Armamos este blog desde la Coope del Granaderos para difundir este desafiante y hermoso proyecto,la 1° Feria del Libro "Libros para Devorar" que se hace en nuestra escuela abierta a toda la comunidad. Los esperamos a todos para disfrutar y enriquecernos de esos libros que nos enganchan y empujan hacia el infinito mundo de nuestra imaginación!!!
miércoles, 9 de julio de 2014
martes, 8 de julio de 2014
Un Maestro de título y de corazón
Mario Méndez: "A leer la vida se aprende leyendo"
Es docente, y estudió cine. Trabaja en talleres literarios en el plan de Bibliotecas para armar y coordina el Proyecto Puentes Escolares, con chicos en situación de calle.
Nació en Mar del Plata y ha publicado muchas novelas y cuentos. El más reciente: El partido y otros cuentos de la de la nueva Editorial “Crecer creando”, donde también es editor.
Nació en Mar del Plata y ha publicado muchas novelas y cuentos. El más reciente: El partido y otros cuentos de la de la nueva Editorial “Crecer creando”, donde también es editor.
Presentamos la primera parte de una extensa conversación con Mario Méndez quien, desde su triple rol de docente, escritor y editor de literatura infantil, aporta una mirada interesante sobre la evolución de este género literario, y sobre los desafíos que hoy presenta la formación de lectores.
—En una nota publicada recientemente en Página/12 usted reivindica el valor de la escuela para formar lectores. También, y ya no dentro de la educación formal, coordina talleres literarios dentro del Proyecto Puentes Escolares –con chicos en situación de calle– y en el programa Bibliotecas para armar. ¿Ocupa la literatura un lugar en la escuela y otro fuera de ella?
—Sí, y creo que la diferencia la marcan bien los términos formal/informal. Muchas veces el sistema formal no puede salirse de esa formalidad, y a muchos maestros y maestras nos cuesta mucho hacer un taller literario dentro del grado con la libertad de forma que debería tener: sigue siendo una hora de Lengua. El chico siente el peso del contexto. La maestra probablemente le corrige las faltas ortográficas y “se le va la mano con eso”. Entonces el chico se preocupa por eso y no se larga a escribir.
—¿Qué lugar ocupa la literatura en la vida de estos chicos en situación de calle?
—Como estos chicos están muy poco escolarizados, lo ven como un momento de expresión, de juego. Cuando presenté el proyecto hice hincapié en que los chicos tienen que tener el derecho a jugar y a leer y a que le cuenten un cuento, un derecho que normalmente no tienen, un derecho perdido.
—¿Y qué tipo de material elige para compartir con ellos?
—Eso lo fui aprendiendo con la experiencia. Los chicos, por ejemplo, no quieren hacer testimonio, quieren algo alejado de su realidad. Por ejemplo, cuentos que han tenido un éxito increíble con los chicos son “Silencio, niños”, deEma Wolf, donde la maestra es una momia y los alumnos son personajes como Frankenstein, y también un cuento deRicardo Mariño, donde encuentran una lámpara de Aladino en un barrio y empiezan a formarse colas larguísimas de gente que pide deseos. También son buenas las propuestas como escribir sobre el genio de la lámpara, o sobre tres deseos.
—¿Cómo ve la idea de chicos que escriban para chicos? ¿Por qué no se incluyen libros escritos por chicos para chicos en las colecciones comerciales?
—Porque yo realmente creo que no es literatura, como –por la misma razón– no se hacen muestras de pintura con los dibujos que hacen los chicos. Son valiosas muestras de expresión de los chicos, de su crecimiento, pero si las editoriales no se preocupan por este tipo de producciones algo de razón hay. Un chico de 10 años hace lo que puede hacer un chico de 10 años. Está bien que los chicos participen de una revista de la escuela o del barrio. Pero para ser escritor hay que formarse. Para escribir hay que haber leído mucho antes, y los chicos no tienen el tiempo necesario ni su comprensión es la de un adulto.
—Nosotras lo pensábamos desde el lugar de la innovación dentro de la literatura infantil…
—Sí, se han hecho experiencias de ese estilo. Pequeñas editoriales han producido este tipo de libros, pero no creo que sea algo rentable. Porque los libros de literatura infantil se venden en las escuelas, normalmente porque las maestras los piden. Yo no creo que muchas maestras de muchas escuelas del país pidan libros escritos por chicos de la misma edad de sus alumnos.
—En sus historias hay fuertes marcas de géneros como el cuento maravilloso, el género fantástico, el héroe mitológico, las historias de caballeros, de piratas, los relatos de viaje y aventura. ¿Cómo se originan las historias que escribe?, y ¿cómo pasan al papel?
—Yo he ido cambiando: mi primera novela la escribí hace ya 13 años, y me hice una estructura de hierro para poder seguir el hilo de la historia, porque estaba acostumbrado a escribir relatos cortos. Como yo, mucha gente empieza tomando modelos: copia. Mi primera novela, "El monstruo de la frambuesas", una novela de personajes múltiples, es claramente el Hobbit (se ríe).
—En los últimos años viene avanzando, tanto a través de editoriales pequeñas e independientes como en sellos más importantes, un género como el libro álbum, que en general pareciera más abierto a la experimentación y a la vanguardia estética que la narrativa a "secas", más clásica. ¿Cómo piensa este fenómeno?
—Me parece que la gente que escribe esos brevísimos textos para el libro álbum sabe que el peso fundamental de la historia lo lleva la imagen.
—Sí, es un juego, donde ambos lenguajes son interdependientes… También sucede que dentro de muchas colecciones de libros álbum hay títulos con mucha riqueza en la imagen, pero el texto es pobrísimo estéticamente y ahí la eficacia del género flaquea.
—Lo que perdura es lo que combina calidad en ambos aspectos. Hay escritores que con pocas palabras pueden decir muchísimo, como Graciela Repún o Gabriela Keselman con su cuento “¿Dónde está mi tesoro?”. Trata de un pirata que se levanta y empieza buscar a su tesoro y encuentra distintos cofres con chocolates, con la Luna y hasta con el Sol, pero nada lo satisface, ni siquiera cuando llega a lo máximo que es el Sol mismo dentro de un cofre, hasta que la última página se pone a llorar y llora tanto que el mar se encrespa, y escucha la voz de la hija que viene corriendo de la playa. Él le dice: “Tesoro mío”, y resulta que es el tesoro que estaba buscando.
Este libro logra combinar un texto de no más de tres renglones por página con experiencias más plásticas.
La otra explicación posible es que el libro álbum no se vende en la escuela, por prescripción. Porque el libro álbum es un libro de impacto, no se pide en ningún grado, como sí piden los libros de narrativa o de teatro.
—¿Por qué? ¿Cuáles cree que son las razones?
—Posiblemente, porque hay muy poco texto, entre otras cosas. Pero fundamentalmente se piden narrativas, hay ciertas prescripciones que impone el género mismo.
—¿Por qué desde la escuela se piensa que la narrativa, un libro de formato clásico lineal, es más importante que un libro no lineal o con poco texto?
—Muchas veces se impone la tradición y condicionamientos que están más allá del maestro y más allá de las editoriales. No es raro escuchar la queja de un padre que dice: “me hicieron comprar el manual y usaron un tercio”. Quizás suene tonto, pero hay padres que se ponen más contentos si el chico leyó una novela de 128 páginas, como "Fiesta" de Ariela Kreimer, por ejemplo, que si leyó un libro álbum. Algunos dicen: “...pero no leyeron nada”.
—Algunas discusiones en el marco de la LIJ (literatura infantil y juvenil) son de vieja data. Entre los 80 y los 90 se discutía acerca de si la LIJ era o no un género, si era menor, o si efectivamente tenía rasgos propios, y en los congresos y jornadas se hablaba acerca de cuáles eran los temas y los modos apropiados de tratarlos para los chicos, y se reflexionaba sobre lo literario vs. las urgencias escolares, el dilema entre lo estético vs. la importancia del mensaje educativo, entre otros. ¿Persisten los mismos debates? ¿Cuáles cree que son los nuevos debates que afronta la LIJ actual?
—Creo que el boom de los 80 comienza como reacción a siete años trágicos de dictadura, cuando no se decía nada o se decía muy poco. Y los que escribían sentían la necesidad de hablar de lo que había pasado, la temática de los desaparecidos fue muy fuerte. Empieza a crecer la literatura infantil en todos los aspectos, se escriben más libros, se venden más libros, son más las escuelas que piden libros, y abordar temáticas comprometidas empieza a tener éxito. Y ahora esos temas “comprometidos” son una temática más.
Las nuevas discusiones puede que pasen por mayor apertura en lo formal, nuevas búsquedas estilísticas, con autores como por ejemplo Pablo De Santis o Marcelo Birmajer.
Aunque de todos modos es muy difícil separar la forma del contenido. En más de veinte años ya han cambiado también las cabezas y ha cambiado la generación de maestros, que son los que piden la literatura, y ya se empiezan a aceptar experiencias formales más raras o vocabularios o temáticas no del todo “escolares”. La escuela es más libre.
—En su trabajo como editor de la colección Mar de Papel (editorial Crecer creando), ¿cómo selecciona las obras que se publican? ¿Qué criterios usa?
—Intenté hacer un mix dentro de una oferta amplia. Entonces hicimos dos reediciones de libros que habían sido exitosos como La bicicleta voladora de Lucía Laragione, y Burladores burlados, con tres cuentos ya publicados deFernando Sorrentino. Busqué también equilibrar la balanza entre escritores súper conocidos y renombrados, como Adela Basch o Graciela Repún, con autores prácticamente inéditos como Ariela Kreimer, Emilio Saad y Eduardo Raúl Elgieser. Una colección nueva debía ser coherente con la búsqueda de la novedad y fomentar autores nuevos. De los doce autores que publicamos tres son nuevos. Y lo que más nos interesó fue que la oferta literaria fuera de buena calidad.
También usamos el mismo criterio para las ilustraciones: combinamos ilustradoras súper reconocidas como María Delia Lozupone y Sara Sedrán, e ilustradoras que recién empiezan como Caro Vigas y Vanina Starkoff, que es la que ilustró las obras de teatro de Adela Basch.
—¿El proyecto editorial cuenta también con cierta apoyatura para la cuestión didáctica?
—Sí, pero no en el libro. Lo que hay en el libro son unas palabras de despedida, donde además de la biografía del autor se le pregunta al autor qué libros recomendaría para seguir leyendo, y generalmente son libros que no son de nuestra colección sino los que realmente recomiendan y les gustan a los autores en la línea del cuento en cuestión.
Hay dos grandes variantes dentro del mercado: los libros despojados de cuestiones didácticas pero que tienen una apoyatura detrás, vía algunas guías o actividades que se encuentran en la Web, como es el caso de los de nuestra editorial y también de los de Alfaguara. Por otro lado están las editoriales como Cántaro ó colecciones como Azulejos, de editorial Estrada, donde en las últimas páginas hay actividades, algo que me parece válido también. Yo no soy un “purista”, creo que ayuda a enseñar a leer literatura también, y la escuela tiene ese rol porque no hay mucha literatura en las casas.
—Sí, esa idea del libro como puente a otros libros está presente en tu cuento “El beso invisible”, donde el personaje del pápa lee a Dolina y se lo recomienda al hijo. Digamos que hacen entrar a los chicos dentro de un campo mayor que el de la literatura infantil, algo muy importante si uno tiene la intención de formar lectores.
—Sí, además “El beso invisible” se lo tomé a Dolina; lo menos que podía hacer era mencionarlo. Pero sí, hay cuentos donde esta intertextualidad es bien explícita, como algunos cuentos de Elsa Bornemann o de Lucía Laragioni.
En relación con esto también Marc Soriano, en su obra La literatura para niños y jóvenes. Guía de exploración de sus grandes temas, decía que él entendía la literatura para adolescentes o literatura juvenil como una literatura de iniciación.
Si querés leer más de esta entrevista te invitamos que visites el link:
http://portal.educ.ar/noticias/entrevistas/mario-mendez-a-leer-la-vida-se-1.php.
lunes, 7 de julio de 2014
Una vecina que nos da más que una taza de azúcar...
Les presentamos a:
Ángeles Durini nació en 1957 en Maldonado, Uruguay, y siempre vivió en Buenos Aires, Argentina. Es escritora y su especialidad es la literatura infantil y juvenil. Las novelas ¿Quién le tiene miedo a Demetrio Latov?, traducida al portugués, y ¿Qué esconde Demetrio Latov?, cuyas primeras ediciones se publicaron en 2002 y 2009, tuvieron varias ediciones y llegaron a numerosos lectores. Otras de sus novelas son De la Tierra a Kongurt (2005), también de numerosas ediciones, Príncipe Melifluo en sueño d
e manzana(2010), Doña Rosita y don Cocoliche (Quito, Ecuador, 2010).Los títulos de sus libros de cuentos sonAmor sin fin (2008), donde se encuentra Levemente hacia atrás, cuento ganador del Concurso Imaginaria Educared 2004, y Amapolas y tomates, traducido al inglés e incluido en la Antología del cuento infantil argentino del siglo XX, por Adela Basch. Frasco gitano, bellamente ilustrado por Gustavo Aimar, Mientras el lobo, edición bilingüe español portugués, ilustrado por Alexiev Gandman,Sopa de gallina, ilustrado por Horacio Gatto. Y De pueblo en pueblo, su último libro, donde se mezclan la tradición y la transgresión. Participó en numerosas antologías, entre otras, en Nunca me gustó viajar,con el cuento, El misterio de la casa de la colina, y también participó de escrituras colectivas con el grupo Periplos, en la novela breve El enigma de los rastros, en el libro Patagonia, tres viajes al misterio,y más recientemente, en la novela La katana perdida, en colaboración con los escritores Mario Méndez, Graciela Repún y Franco Vaccarini, de próxima aparición. También ha hecho adaptaciones para niños de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha y su obra de teatro Los cinco caramelos obtuvo el 2°premio en el concurso organizado por el Gobierno de la Ciudad, en 1996/97. En los últimos años, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires ha elegido varios de sus libros para participar en el programa Mi biblioteca personal. Gran parte de su obra se lee en varios países de Sudamérica.
Ángeles Durini nació en 1957 en Maldonado, Uruguay, y siempre vivió en Buenos Aires, Argentina. Es escritora y su especialidad es la literatura infantil y juvenil. Las novelas ¿Quién le tiene miedo a Demetrio Latov?, traducida al portugués, y ¿Qué esconde Demetrio Latov?, cuyas primeras ediciones se publicaron en 2002 y 2009, tuvieron varias ediciones y llegaron a numerosos lectores. Otras de sus novelas son De la Tierra a Kongurt (2005), también de numerosas ediciones, Príncipe Melifluo en sueño d
Acá una introducción a uno de sus libros más conocidos
domingo, 6 de julio de 2014
Animando Ando!
Conociendo más invitados de la Feria!!!!
CINE > EL SOL, EL APOCALIPSIS ARGENTINO DE AYAR BLASCO
Bajo este sol tremendo
No sabemos bien qué corno pasó en Canadá, Albania, Bélgica o Ecuador. Lo que es seguro es que en un momento la humanidad se llenó de muy malas vibraciones, al extremo de que casi todo el mundo empezó a utilizar el lenguaje adulto, marcadamente profano, que suele caracterizar al Dr. Tangalanga. Ahí todo el mundo se fue a la, digamos, “tal por cual”, cosa tan nefasta como para provocar un escenario apocalíptico peor que el de El planeta de los simios o Mad Max, especialmente porque este film no solo es de animación, sino de muy bajo presupuesto.
Encima, tiene un director, guionista y factótum totalmente cartoonesco, empezando por su nombre de pila, Ayar. Ayar Blasco, talentoso animador argentino, creció en lugares perdidos de la jungla amazónica y si bien sus experiencias selváticas las sigue reservando para alguna autobiografía futura, lo que está claro es que su experiencia de vida potenció al máximo su creatividad.
No hay otro modo de explicar series de cortos como los del Niño malcriado, o las porquerías desquiciadas de su site chimiboga.com. Ni mucho menos su estrategia para promocionar su primer film de larga duración en solitario (antes hizo Mercano el marciano, junto a Juan Antín). “Yo tenía esto en la cabeza desde hace años, incluso cuando hacía Mercano. Primero lo pensé como un libro de historietas (Ayar B es autor de comics, como se puede disfrutar en Fierro y la edición guatemalteca de D’Artagnan y El Tony), pero lo convertí en película.” Un largometraje de animación “sólo apto para 16” no es nada típico, y podría pensarse como difícil hasta lo imposible. Ayar, con su lógica amazónica, dice todo lo que le prohibió su agente de prensa: “Fueron siete años de producción, pero muy tranquilos. Es que más que una película de dibujos animados, yo creo que El sol es una mezcla de comic y radioteatro. La hice con un equipo de no más de media docena de personas que trabajaban desde su casa y mandaban todo desde su PC. Es que la película está hecha con Flash, justamente un programa pensado para hacer animación por Internet. Los archivos no pesan casi nada”.
Aparentemente, esta cualidad de la animación Flash fue dejando atrás la idea más trabajosa de hacer un comic tipo libro, lo que desde el punto de vista ayaresco hubiera sido más trabajoso que un largometraje.
A esta altura, después de siete años, a Blasco le cuesta recordar exactamente cuál fue la fuente de inspiración para su historia apocalíptica. “Un poco Mad Max, podría ser, pero, la verdad, no sé”, dice en principio. Sometido a un intenso interrogatorio, recién ahí revela la influencia de A Boy and his Dog, film de culto post-holocausto protagonizado por Don Johnson. “Si lo pienso, creo que ahí está la verdadera influencia –dice Ayar–. Pero lo que realmente me interesaba contar era la idea de que en un mundo donde está todo re-mal, los pocos que queden van a ser marginales. Y dado que en ese mundo el sol te quema, solo queda la noche.”
Más allá de lo que tuviera en la cabeza Ayar Blasco cuando pensaba en su mundo post-holocausto atómico con caníbales (los caníbales se llaman “Los Bonitos”) que bailan malambo junto a la escoba hechizada de Fantasía de Disney, y con menos malas vibraciones, también hay unos mutantes que hacen funciones de teatro todos los jueves por la noche. En la sesiones, que son indescriptibles, se presentan famosos personajes del comic universal, por lo que hay que prestar mucha atención a héroes de Marvel y otros héroes patagónicos.
Ayar, que como buen animador todo terreno, se reservó más de un personaje (incluyendo al más potente procreador de la última ciudadela humano–argentina, Poblar), les dio un lugar especial a los intérpretes para cada personaje, empezando por el blasfemo Dr Tangalanga, que le da un toque especial a toda la película. Por algo es apta para mayores de 16, según cuenta el director: luego de un primer contacto con el representante del cómico telefónico, recibió el mensaje de que solo aceptaría el papel ¡si podía decir todas las malas palabras que quisiera!
“Los chistes telefónicos de Tangalanga no sé si me gustan mucho, pero en un momento entendí que Tangalanga era todo un potencial como actor, y cuando trabajé con él vi que era verdad. El tipo es tan copado que improvisaba como loco, recopado, y en un momento decidí que no tenía sentido corregirlo para que se adapte al guión, sino que lo mejor era cambiar la historia a medida de Tangalanga.” (En efecto, el asunto es tan sustancioso que por momentos hacen falta carteles explicando los desmadres verborrágicos de Tangalanga.)
Pero además del maestro del lenguaje profano, Blasco encontró un apoyo especial en todos los intérpretes que prestaron su voz a los deformes personajes. Entre otros, prestaron su actuación vocal Sofía Gala, Jorge Sesán, Martín Piroyansky y Divina Gloria, quien en términos del realizador tiene un personaje equivalente al de Marlon Brando en Apocalypse Now. El elenco dejó tan impresionado a Blasco como para pensar en volver a reunirlos, pero en una película “con actores”, es decir un film convencional. “Pero no sé, también tengo ganas de hacer otra de animación.”
Además, ¡ojo!: la secuencia de la evolución radiactiva de las papas es tan buena que solo podría describirse con algún juramento propio del Dr. Tangalanga.
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